viernes, 25 de septiembre de 2015

A love for Rebecca/AmazonCrossing


Faltan solo unos días para que "Un amor para Rebeca" esté disponible también en inglés en todas las plataformas de Amazon. Han sido muchos meses de trabajo colectivo y, a la vez, una experiencia como autora muy provechosa.

Tengo que agradecer a Elizabeth DeNoma (Acquisitions editor for literature in translation) el haber estado a mi lado durante todo el proceso, de la misma forma que a Catherine Nelson, quien se ocupó de la traducción y con quien tuve oportunidad de comentar los entresijos de la historia.

Una pregunta que generó un debate abierto entre las dos, y que yo valoro especialmente porque nos sirvió para profundizar en los sentimientos de los personajes, fue esta:

---Alerta de spoiler---

¿Por qué Rebeca cuando vuelve de Escocia no se rebela a las imposiciones de los demás y pide ayuda a Kenzie en vez de rendirse a los deseos de su madre? Eso sería lo más lógico, lo que haría cualquier persona, me decía.

Admito que, en este sentido, yo tengo ventaja, porque conozco la personalidad de Rebeca al detalle y he hurgado en su forma de ser y de pensar con mucha frecuencia.

Respuesta nº 1: Si lo hubiera hecho, no habría conflicto vital, por tanto, no habría historia.

Esa es la respuesta más sencilla, pero existe una respuesta más razonada y coherente con la realidad de Rebeca.

Puede que nuestra protagonista sea la antiheroína, la que tiene un carácter débil, la que teme luchar y enfrentarse a los demás, la que creció bajo la influencia de una madre dominante que ha tomado todas las decisiones importantes por ella, Así es Rebeca; sumisa y poco propensa a la rebeldía. Y así actúa durante las dos primeras partes de la novela. Si Rebeca hubiera regresado a casa y hubiera plantado cara a todos para luchar como una leona por lo que deseaba, no habría sido coherente con su personalidad.

La vida de Rebeca, aunque parece fácil, en realidad es complicada, porque su madre la anula e impide que se desarrolle como ser independiente. Rebeca ama a Kenzie con toda su alma, pero también tiene dudas respecto a que pueda cumplir la promesa que le hizo. Cuando comprende que no podrá hacerlo, se convence a sí misma (convencimiento promovido por su madre y su novio, dos expertos manipuladores emocionales) de que su historia con Kenzie nunca debió suceder, de que ha sido un error auspiciado por la falta de experiencia, tal como le hacen creer. Y ella se conforma. Asume su error. Y sufre por ello. Sufrirá durante ocho largos años, años en los que va madurando y forjando su personalidad. Su voluntad se va revistiendo del aplomo necesario, como un grano de arena que se va cubriendo lentamente de nácar hasta que brilla como una perla. Es solo entonces cuando Rebeca toma las riendas de su vida, desligándose de la influencia de los demás, y decide recuperar la felicidad perdida. 

No es que de pronto sea una persona diferente, pues las inseguridades la acompañan siempre, pero no cabe duda de que el sufrimiento prolongado es capaz de insuflar fortaleza en los temperamentos más débiles. Y eso es lo que le ocurre a Rebeca. Un día decide que está harta de vivir bajo las normas que le han impuesto, y entonces se rebela. Tal vez le haya llevado más tiempo que a otra persona más fuerte, pero es la evolución más coherente con su carácter, lo contrario habría sido inverosímil.

Es cierto que nos gusta vivir a través de los personajes de una novela, y que a veces, cuando no actúan como lo haríamos nosotros, sentimos cierto coraje y ganas de zarandear a alguno para hacerle reaccionar. Pero aunque sean personajes de ficción, tienen que desarrollarse como si fueran personas reales, y crecer y madurar en su propio mundo. Y nosotros, como lectores, debemos darles esa oportunidad.








martes, 15 de septiembre de 2015

La cuestión verosímil y predecible en las novelas



Que una novela sea inverosímil y predecible parecen ser dos de los adjetivos favoritos de los lectores para juzgar negativamente una novela.  

Tal vez el atributo de verosimilitud es el mayor reto para un escritor, pues su obligación como creador es ofrecer una visión de su historia lo más veraz posible. No olvidemos que incluso la fantasía y la ciencia ficción tienen sus propias normas en este aspecto. Sin embargo, a veces los autores podemos caer en el error de tratar de extrapolar la historia a la vida real.
Pero lo cierto es que no se trata de que nuestras creaciones se parezcan a la vida misma, sino de que se ciñan al universo creado, profundizando en los personajes y en el ambiente hasta hacerlo creíble.

Hay incluso historias basadas en hechos reales, con personajes que todos podemos reconocer, como por ejemplo la miniserie de televisión Felipe y Letizia, cuyo argumento tiene menos credibilidad que Alien vs Predator, por poner solo un ejemplo.

En la vida real pueden suceder hechos extraordinarios y no necesitan justificación. Pero en la literatura esta premisa no se cumple, y debemos ser coherentes con el mundo que hemos creado y fieles a la realidad que queremos transmitir.

Si buscamos justificar la conducta de nuestros personajes en la realidad, fracasaremos, porque su modo de actuar no debe ser coherente con nuestro mundo, sino con el suyo.

Pensad un momento en un personaje llamado Paquito que ha sido infiel a su mujer. Su amante lo chantajea con unas fotos robadas y le pide cien mil euros a cambio de su silencio. ¿Os imagináis a Paquito preguntándole a su creador desde el folio: "Oye, Manolo, ¿qué harías tú en mi situación?".
Manolo tal vez le respondería: "Coño, Paquito, ir a la Policía, ¿crees que los euros me llueven del cielo?".
Si yo fuera la creadora de Paquito, le diría: "Te jodes, Paquito, eso te pasa por golfo, y si piensas que voy a sacarte los rescoldos de la hoguera enviándote a la comisaría más próxima, te equivocas, vas a tener que sufrir un poco más para salir de esta".

En resumen: si enviamos a Paquito a la comisaría, se termina nuestra historia. ¿Sería la actuación más lógica y cercana a la realidad? Tal vez, pero ahí se acabaría todo, a menos que, en posteriores investigaciones, los eficientes policías descubrieran que la amante está liada en realidad con la mujer de nuestro Paquito, y que ambas han tramado un plan para llevarse su dinero y exiliarse en las islas Fiyi.
¿Se parecería esto a la realidad? Pues no, pero no me digáis que no suena más interesante.

Yo, como lectora, sé que lo que estoy leyendo no es verdad, pero quiero que lo parezca, lo cual no implica que se parezca a la realidad. 

Otras veces, cuando un personaje no se desarrolla en la historia como lo haríamos nosotros, la catalogamos de inverosímil. Es cierto que algunos lectores necesitan sentirse identificados con el personaje para disfrutar plenamente de una novela, pero eso no quiere decir que si no actúa según nuestro criterio la trama pierda credibilidad.

La novela es ficción, y no se puede someter a las leyes de la realidad. Confrontar ficción y realidad es una opción utilizada a menudo por los lectores pero, a mi entender, es del todo incorrecto. Normalmente, este tipo de lector compara la ficción que está leyendo con su propia experiencia y si no encuentra en ella nexos de unión, le atribuye el rasgo de inverosímil. Pero lo cierto es que la lógica del personaje no viene dada del mundo real, sino de la línea argumental que el creador construye.

Recuerdo el comentario de una lectora (en una página de descargas piratas donde estaba mi novela Un amor para Rebeca) que opinaba que la novela era inverosímil porque uno de los personajes -la madre de la protagonista- actuaba, a su modo de entender, como si fuera de otra época. Todo porque la mujer es dominante en extremo, intransigente y a la que le inquietan más las apariencias que la verdadera felicidad de su familia.
¿De verdad ya no existen personas así en nuestros días?
Puede que en la experiencia vital de esta lectora no se haya encontrado con alguien así, pero haberlas, haylas, como las meigas. Y volviendo a lo dicho antes, al menos en mi caso, no necesito ampararme en la realidad para construir el universo que rige el mundo de mis personajes. Lo que sí me tomo en serio es justificar las conductas en torno al mundo que he creado, no a la realidad.

Un comentario aislado de inverosimilitud no nos debe preocupar, pero si las opiniones en este sentido son recurrentes, deberíamos analizar la obra para extraer conclusiones de por qué los lectores se han quedado con esa sensación. 

En cuanto a predecible..., aquí hay para una tesis. Es uno de los mayores obstáculos para algunos lectores, que no soportan saber qué va a pasar con la historia. Si nos detuviéramos un momento a analizar los comentarios de las novelas, "predecible", junto con "inverosímil", es otro de los atributos negativos más utilizados por los lectores para demostrar su descontento.

Por otro lado, hay autores que declaran de antemano que sus novelas siempre acabarán bien. Son, por tanto, predecibles. Y la pregunta del millón es: ¿generan por ello menos interés?
Supongo que este tipo de lectores nunca lee un libro dos veces.

A mí me importa más el trayecto, lo que me haga sentir el autor por el camino. Si leo una novela romántica quiero que los amantes terminen juntos y, normalmente, así es. Por tanto es predecible. Si leo policíaca quiero que el asesino acabe entre rejas y, la mayoría de las veces, así es. Una vez más: ¡predecible! Si los alienígenas invaden la Tierra, quiero que:

a) Los humanos expulsen a los alienígenas.
b)Los alienígenas sean mejores y más avanzados que nosotros y que terminen con el hambre y las guerras del mundo, y así vivir todos en paz y armonía.
c)Los alienígenas sean terríblemente guapos e inteligentes, y entonces no me importará que conquisten la Tierra.

Pero nunca, NUNCA, querría que unos extraterrestres con cara de monos narigudos se quedaran en casa, aunque eso eliminara de un capazo la cualidad "previsible" de la historia.

Por tanto, si lo amantes no acaban juntos, si el malo no acaba en la cárcel, si los alienígenas se quedan en la Tierra y son unos salvajes..., tal vez la historia no sea previsible, pero a mí seguro que no me gusta. Ni al noventa y cinco por ciento de los lectores.

Y aquí no voy a hablar de esas novelas policíacas en las que sabemos quién es el asesino desde el principio. Eso sí es un dato en contra, y a menos que sea un recurso del autor para sorprendernos después con un giro inesperado, no tiene perdón.















jueves, 20 de agosto de 2015

Confesiones de una camarera en apuros





Estoy parapetada detrás de la barra del Honky Tonk, un bar country situado en el madrileño barrio de Lavapiés. Es cerca de la medianoche y a estas horas las jarras de cerveza se me hacen tan pesadas como los kilos de rímel que me cubren las pestañas, que más parecen dos colas de guacamayo que simples pelos en los bordes de los párpados. Sobresalen tanto que, en vez de proteger los ojos de cuerpos extraños, los espantan.

Revoloteo la mirada por el local buscando  a Didi, y la encuentro sirviendo unas hamburguesas en la mesa Oklahoma a unos trogloditas que parecen dispuestos a agotar las reservas de carne roja de toda la ciudad. A mí me toca servirles las cervezas, por segunda vez, y apostaría las bragas de Didi a que el tipo de pelo grasiento intenta meterme la mano por debajo de la falda, como ha hecho con mi amiga. Claro que ella tiene un carácter endemoniado, y ha logrado paralizar la tentativa del individuo con solo una mirada.

Es lo que más admiro de ella, que es capaz de convencerte de algo sin dirigirte la palabra. Así, sin más intervención ni esfuerzo por su parte. A veces creo que es una versión moderna y femenina de Yoda, el enano orejudo de Star Wars, y que en esta ocasión le ha transmitido al hombre algún mensaje directamente a la mente:

"Si tocarme el culo quieres, aguantar la hostia debes".

Pero yo no tengo tanta fuerza interior, ni nada que se le parezca, y sé que no podré reprimir el ataque  directo de Pelo Grasiento. Mi mirada es más dulce que una piruleta, y por mucho que frunza el ceño no consigo poner cara de Hannibal Lecter. 
Es inevitable. Incluso he ensayado delante del espejo mi expresión más amenazadora, pero, incluso así, mi imagen es tan tierna como un monito tomando el biberón.

La verdad es que odio este trabajo. Bueno, en realidad he odiado cada trabajo que he tenido hasta el momento, todos en torno a la hostelería y el mundo de los teleoperadores.  
Y si hay algo que he aprendido en este tiempo es que a la gente se le activa la vena graciosa cuando habla por teléfono, sobre todo cuando se trata de una llamada anónima. Podría contaros cientos de anécdotas, montones de bromas de mis tiempos como camarera-telefonista en una franquicia de Telepizza.

—Telepizza, ¿dígame? —respondía yo al primer ring.
Buenas, quería una pizza familiar con doble de mozzarella, bacon, aceitunas y esas cosas vegetales…
—¿Alcaparras?
—No, esas que vienen en láminas.
—¿Champiñones?
—Pues tócame los cojones.

Podría seguir hasta mañana.

Lo dicho, la gente es muy graciosa, pero al final de una jornada oyendo chistes cuya misión no es otra que partirse el culo de risa a tu costa, a mí siempre se me inflama la vena yugular de tanto reprimirme. Porque ese es otro asunto denigrante: al cliente siempre se le responde con amabilidad, da igual lo graciosillo, irónico o maleducado que sea, tú te muerdes la lengua y respondes con educación, por mucho que se te hinche la vena y te lata en el cuello de forma inquietante.

Por eso no sabría decir qué era peor, si soportar repetidas broncas y chistes telefónicos o reprimir los ataques lujuriosos de los clientes del bar.

Claro que en este último caso la culpa es de nuestro jefe, que nos obliga a vestirnos de cabareteras del lejano Oeste, unos atuendos que rozan la indecencia y apenas nos cubren las tetas. Para colmo, todas las noches en dos pases, a las diez y a las doce, suena de forma automática el Galop Infernal de Offenbach, vulgarmente conocido como cancán. Entonces nosotras, cuatro camareras en total, tenemos que dejar lo que estamos haciendo y ponernos a bailar. A mí no me resulta difícil, porque tengo sentido del ritmo y sé moverme. Pero para Didi es un auténtico suplicio, y se pasa los tres minutos con la lengua fuera, literal y ligeramente torcida hacia la izquierda, en un acto profundo de concentración. No se le da muy bien bailar, en eso también se parece al maestro Yoda, pero la contrataron porque es guapa y tiene buen cuerpo.

Me apuro con las cervezas. Faltan dos minutos para que comience el segundo pase de la noche y no quiero que la música me pille en medio del local con tres jarras de cerveza en cada mano. Me ocurrió una sola vez, cuando apenas llevaba una semana trabajando en este sitio, y mi jefe me había aniquilado con la mirada, como si hubiera cometido un pecado capital. El muy cretino.

Aprieto el paso y llego a tiempo con las bebidas a la mesa de los trogloditas. Dejo las jarras delante de sus ojos vidriosos y el del pelo grasiento, rebozado por dentro de alcohol y testosterona, alza la mirada calenturienta hacia mí. Intercepto su sonrisa lasciva e intento hacerle un placaje con la mirada.

Pero no funciona. 
Ya os lo había dicho.

Tal como he previsto, intenta colar su mano por debajo de mi falda. Sabe que nuestro jefe no va a echarse las manos a la cabeza al mismo tiempo que le grita: "¡Oh, Dios mío, ¿qué has hecho?! ¡Sal de aquí antes de que te parta dos costillas y algún que otro hueso innombrable!". 
No, nada de eso. Mi jefe no iba a mover un dedo para defenderme. Ni a mí ni al resto de las chicas. 
Sin embargo, Pelo Grasiento ignora que bajo mi apariencia de ángel se esconde un carácter vengativo.

Noto su manaza rozando el miriñaque de mi falda. Antes de que esta logre agarrarme el trasero, mi mano derecha vuelve a sujetar una de las jarras, cargada con medio litro de cerveza, en un inequívoco gesto amenazador.

Nos retamos con la mirada. Él deja su mano en suspensión, a tres centímetros de mi culo, por debajo del petticoat, yo sostengo la jarra de cerveza en alto y le digo mentalmente, con mi cara de ángel vengador, que si me roza las carnes le voy a lavar el pelo mugroso con cerveza.
Sus amigotes, atentos a lo que ocurre, comienzan a palmear la mesa en un claro acto alentador. Pelo Grasiento no aparta su mirada de la mía, ni yo de la suya, como en un verdadero duelo del Oeste. Envalentonado, aproxima la mano otro centímetro, yo levanto la jarra un palmo más arriba y la coloco justo encima de su cabeza, dispuesta a vaciarla. Un nuevo pulso con la mirada y después noto sus dedos rozando mi trasero. 

¡Será cabrón!

Decidida, voy a echarle la cerveza encima, pero entonces, y para mi disgusto, comienzan a sonar las primeras notas del Galop Infernal. Y me retraigo. Enfurecida, roja de ira y tragándome el sabor de la bilis que me sube por el esófago, dejo la jarra en la mesa ante el entusiasmo de los trogloditas, que celebran la victoria de Pelo Grasiento con vivas y vítores.

Me reúno con las chicas en el centro del local y comenzamos a bailar: yo con gesto de exterminador de villanos, y Didi con la punta de la lengua señalando al Oeste. Mis pasos son automáticos y mi expresión refleja lo harta que estoy de este maldito trabajo y de un jefe que roza la misoginia.

Las cuatro seguimos el ritmo frenético de la música, unas con más dificultad que otras. Levantamos nuestras faldas y las agitamos hacia los lados, dejando a la vista ligueros y  culottes con volantitos. Cuando el cancán entona su parte más desaforada, nosotras ya estamos subidas a la barra del local. Es ahora cuando levantamos la rodilla derecha hasta que roza nuestra cintura y nos la sujetamos con la mano. Entonces a Cristi, que está a mi lado y ha presumido toda la jornada de haberse zampado un fabada mortal en el almuerzo, se le escapa un cuesco sonoro, audible, esplendoroso en toda su esencia asturiana. Me mira de reojo intuyendo que lo he escuchado y me ofrece una risita de disculpa.

Me contagio de su risa y me relajo un poco, hasta que comienza el movimiento que todos están esperando. Las piernas se estiran y se encogen, arriba y abajo, arriba y abajo, esbeltas y altivas, una y otra vez, desafiando nuestro sentido del equilibrio. Por las miradas que me prodiga Cristi sé que ella compone su propia sinfonía, pero yo ya no oigo otra cosa que las notas endiabladas del cancán.

Didi está a mi izquierda, y en esta parte de la pieza siempre la agarro con fuerza, con la mano que tengo libre, porque temo que se vaya abajo y nos arrastre a las demás, aunque hasta ahora siempre ha salido triunfante de cada pase. Sé que odia este trabajo tanto como yo, y no se explica cómo después de una licenciatura en Filología y un máster ha terminado bailando el cancán en un bar country. Yo me lo tomo con más estoicismo, y siempre le digo que vendrán tiempos mejores, pero lo cierto es que hace cuatro años que terminamos nuestras carreras y solo hemos conseguido trabajos de mierda.

Bajamos de la barra, sofocadas y con ciertas dificultades para tomar aire dentro de los corsets burlesque. Entonces hacemos pases individuales por las mesas con nuestra mejor sonrisa de Joker; amplia pero fingida.
Llego junto a la mesa de los trogloditas y vuelvo a sentir un sofoco de ira. Sacudo la falda delante de sus caras socarronas y el ambiente enseguida se satura de silbidos y gritos hoscos que se mezclan con nuestros trinos cabareteros. La pieza llega a su final; tan solo queda un elevamiento de pierna, la derecha, que mantenemos en alto mientras giramos el cuerpo antes de terminar en el suelo con un split o spagat , más o menos logrado.

Frente a la mesa Oklahoma, concentro la mirada en Pelo Grasiento. Él me mira embobado, ebrio, con el rostro sudoroso y la boca brillante de su propia saliva. Siento repulsión, pero mis labios esbozan una sonrisa torcida, anticipatoria, triunfal. Él advierte mi gesto permisivo y también ríe, pero  solo un instante, durante un momento frugal antes de adivinar mis planes, justo hasta que mi pierna, elegantemente estirada, derriba de un golpe certero la jarra de cerveza sobre sus pantalones. 

Por cierto, me llamo Verbena, y busco un nuevo empleo.


©Mayte Uceda

jueves, 30 de julio de 2015

La proposición de Carola, de Idoia Saralegui



Título: La proposición de Carola
Autor: Idoia Saralegui
Formato: ebook
Páginas: 238 (estimación)



Cuando Idoia Saralegui contactó conmigo para ofrecerme su novela enseguida sentí un corrientazo de empatía hacia ella. 

Los principios siempre son duros, hacía cuatro meses que Idoia acababa de publicar su primera novela y buscaba blogs donde pudieran comentarla. Yo también lo intenté al principio; escribí a un par de blogs ofreciéndoles amablemente mi novela "Los Ángeles de La Torre" por si les interesaba leerla y comentarla, pero creo recordar que no recibí respuesta. No volví a intentarlo. En mi caso, lo que buscaba eran opiniones, no de cara a lectores potenciales, sino para mí. Quería saber si lo había hecho bien. Aunque esa duda se despejó sola con el tiempo, pues desde el momento en que uno sube sus obras a cualquier plataforma digital queda expuesto al juicio de los lectores. Y las opiniones llegan, que a nadie le quepa duda. Y me refiero a las opiniones de verdad, a las imparciales, las que te van a hacer aprender de tus errores o emocionarte porque sabes de su objetividad.
Reconozco que en este aspecto me he sentido afortunada, y hasta ahora los lectores me han tratado muy bien. Siempre habrá alguien a quien no le guste tu obra, es irremediable, no se puede gustar a todo el mundo, pero eso hay que asumirlo desde el comienzo.
También quiero aclarar que no soy reseñadora, solo comento en el blog algunas novelas que leo, así que mi opinión se basa enteramente en interpretaciones personales y no literarias.

Sinopsis tomada de Amazon:

La abogada Carola Sanchís le hace a su amigo Alejandro Ney una sorprendente propuesta para tratar de superar la muerte de su marido. Pero Alejandro oculta un secreto y piensa que si acepta la proposición de Carola alguien puede salir herido. 
La vida, la muerte, la distancia y una inesperada desaparición le hacen comprender al periodista que, a pesar de los riesgos, esta es la aventura que siempre ha querido vivir. 
Una novela intensa, palpitante y conmovedora que nos traslada desde Belferí hasta la selva colombiana. Porque competir contra un vivo puede ser muy difícil; pero hacerlo contra un muerto… es imposible. 

Lo primero que quiero decir es que la sinopsis se reserva algunos detalles que yo añadiría, como por ejemplo cuál es la extraña propuesta que Carola le hace a su amigo Alejandro Ney. Es algo que descubrimos en los primeros momentos de lectura y creo que de incluirlo en la sinopsis la haría más atractiva.
Idoia Saralegui
Como la autora no revela el contenido de dicha proposición yo tampoco lo haré, así que tendréis que conformaros con saber que la oferta de Carola sorprende mucho a Alejandro Ney, un hombre que a sus cuarenta y cinco años dedica su vida al periodismo y a sus múltiples conquistas femeninas. Por otro lado, Alex guarda desde hace demasiado tiempo un secreto que ahora, tras la proposición de su amiga, amenaza con desestabilizar su vida sin remedio.

—Te voy a hacer una propuesta. Sé que te va a chocar, pero necesito que me escuches hasta el final.

Así de directa arranca la historia, y tengo que admitir que dicha propuesta también me sorprendió bastante, aunque a lo largo de la lectura llegas a darte cuenta de que tal proposición solo es una argucia del subconsciente de la protagonista para captar la atención de su  amigo Alex.

A partir de aquí se suceden una serie de encuentros y desencuentros entre los protagonistas que llevarán a Alejandro a tomar una decisión drástica. Amparado bajo el pretexto de cumplir un sueño de juventud, se marchará al corazón de la selva colombiana donde sufrirá situaciones límite que le harán replantearse su vida.

Ha sido una lectura bastante amena, y me ha sorprendido la buena pluma de Idoia Saralegui, sobre todo después de saber que es su primera novela. El narrador omnisciente nos permite conocer el desarrollo de la historia desde varios puntos de vista, así como las motivaciones, pensamientos y deseos más íntimos de los personajes, algo que enriquece la trama y envuelve al lector hasta provocar la empatía necesaria para disfrutar de la novela.

Por otro lado, creo que la portada es muy tímida. Vivimos en un mundo tan visual que es fundamental captar la atención del lector por este medio, con una portada que atrape a primera vista. No digo que no me guste, simplemente que tal vez esté lastrando un contenido que merece la pena ser descubierto.

La proposición de Carola es una buena lectura para llevarse de viaje este verano, una historia romántica, con escenas íntimas bien desarrolladas, tiernas, que no caen en la vulgaridad. Os animo a descubrir esta primera obra de Idoia Saralegui. Creo que es un buen comienzo, y le deseo mucha suerte.

Os dejo con una pequeña muestra.

Carola nunca había sido una puritana. Que hubiese amado a un solo hombre en su vida no quería decir que tuviera prejuicios sobre el sexo. Pensaba que era sano, agradable y algo a lo que no había por qué renunciar. Desgraciadamente, era Carlos el que se había muerto, no ella.
El único problema era que había cumplido ya cuarenta años y cada vez se sentía más consciente de su edad y de que hacía alrededor de veinte que no coqueteaba con ningún otro hombre que no fuera el suyo. Ya no recordaba qué se sentía antes del primer beso o qué había que hacer cuando se quedaba a cenar con alguien pensando que, tal vez por la noche terminaría en la cama.



jueves, 23 de julio de 2015

Viaje al dolor de África, de José Manuel Devesa



Hace tiempo, bastante, solía leer todo lo que caía en mis manos sobre testimonios de vidas lejanas que me hicieron comprender muy pronto lo privilegiada que era por haber nacido a este lado del mundo. Libros sobre pueblos deprimidos por otros pueblos, libros sobre niños que crecen en lugares tan hostiles que casi es un milagro que lleguen a la adolescencia, libros sobre mujeres que, por la mera condición de serlo, están relegadas al más absoluto ostracismo social, político, cultural e incluso familiar. 

Acabo de terminar la lectura de este libro maravilloso "Viaje al dolor de África", de José Manuel Devesa, que descubrí a través de mi compañero virtual de tertulias literarias, el doctor y escritor Jose Luis Palma, y las reminiscencias de su última frase todavía me sobrecogen el alma: 

-Llévame a Farafangana.

Ha sido un viaje intenso al corazón de Madagascar, y cuando digo al corazón no me refiero a un espacio físico, sino emocional. Si tuviera que contar las veces que se me han empañado los ojos me faltarían dedos de las manos, no por el dramatismo de la historia sino por tanto amor como transmite. 

Viaje al dolor de África es una novela basada en hechos reales, pues su autor es también uno de los médicos que cada año acuden de forma totalmente altruista a la Misión de Farafangana, donde se ha construido un modesto hospital con la ayuda de donativos, para operar a jóvenes, casi niñas, que sufren la herida innombrable, la enfermedad oculta, que genera vergüenza en los maridos y familiares y que condena a la enferma a la marginación y a la soledad. 
El Dr. José Manuel Devesa y la paciente que inspiró su novela

Jose Luis Palma, en su generoso prólogo, habla de este problema que afecta a dos millones de mujeres en todo el mundo, la mayoría en África, de una forma que todos podemos entender:

En aquel remoto lugar, la "enfermedad oculta", la temida y terrible fístula, ese maldito agujero que comunica la vejiga y la vagina, producida cuando el que va a nacer se queda atascado en la salida hacia la vida porque las mujeres, casi todas niñas adolescentes, no disponen de asistencia médica durante el parto, conduce sin remedio a una situación vergonzante, al abandono absoluto, al repudio conyugal, y al rechazo social y familiar que en muchos casos sólo encuentra la solución final con la llegada de una muerte tan injusta como prematura.  

"El sol no debe salir dos veces y ponerse dos veces durante el parto de una mujer", dice el proverbio.

Tal vez ser mujer me haga especialmente sensible al contenido de esta historia. Recuerdo mi propio parto, que duró más de doce horas y terminó en una cesárea de urgencia. Cada vez son más las voces que se alzan a favor del parto natural en casa, y yo respeto todas las posturas, pero, personalmente, no sería capaz de asumir el riesgo, nos jugamos demasiado, y en mi caso doy gracias a la ciencia por haberme permitido un desenlace feliz.  Hay tantas mujeres que no tienen la oportunidad de alumbrar a sus hijos con las mínimas garantías sanitarias que a veces no comprendo el empeño que tenemos por volver al pasado y asumir riesgos innecesarios. Pero esta es una opinión personal.

Por otro lado, no penséis que porque la novela esté escrita por un médico os vais a encontrar un relato cargado de tecnicismos o descripciones quirúrgicas que pueden abrumar al lector profano en la materia. Nada más alejado de lo que de verdad encontraréis en esta historia. En ella el autor nos muestra la realidad a través de los ojos de Vohilaba, una niña de catorce años a la que su padre entregó en matrimonio a un muchacho de la aldea a cambio de un cebú. El cebú era robado y esto obliga a la pareja a huir para no sufrir represalias. Cuando Vohilaba se queda embarazada y llega el momento del parto, éste acaba de la peor forma: con la muerte del bebé en su vientre, por falta de asistencia médica, y con una fístula obstétrica que provocará que no sea capaz de contener la orina. Repudiada y abandonada por su marido, y sin posibilidades de regresar a su aldea, el único consuelo que le queda a Vohilaba para aferrarse a la vida es el de encontrar a los médicos blancos, de los que ha oído decir que vienen cada año a su tierra a cerrar el agujero de las niñas madres que vagan por los caminos, aldeas y ciudades, condenadas a estar continuamente mojadas e impregnadas de un hedor fácilmente detectable que provoca miradas de desprecio y rechazo.

Se me agolpan las palabras para tratar de expresar las emociones que me ha hecho sentir esta novela. Solo puedo decir que, pese al terrible fondo dramático de la historia, este es un canto a la esperanza, porque en medio de tantas sombras todavía quedan luces que iluminan los senderos más tenebrosos, aquellos a los que nadie quiere asomarse, y cuya única recompensa la componen miles de sonrisas de profundo agradecimiento, de aquellos y aquellas que tienen la fortuna de encontrarse con una de estas luces que cambiará sus vidas para siempre.

Mención aparte merece la prosa delicada de José Manuel Devesa; bella, dulce, poética, que consigue emocionar, que logra hacernos partícipes de esta historia ahora tierna, ahora dramática, a veces terrible, muchas veces sobrecogedora... Solo me arrepiento de haberla tenido tantos meses en mi Kindle sin haberla leído. Creo que este tipo de lecturas debería ser obligatoria en algún momento de la enseñanza secundaria. Nuestra sociedad necesita concienciarse de que existen otras maneras de vivir o sobrevivir, es necesario sembrar la semilla del altruismo, la empatía y la solidaridad. La educación es la base del progreso, del desarrollo de los pueblos y si no inculcamos a nuestros jóvenes, desde el ámbito familiar e institucional, valores solidarios, ¿qué clase de sociedad estamos formando?

Nunca he sido dada a la mitomanía, y muchas veces me pregunto cómo es posible que los programas de televisión estén minados de personajillos endiosados en su propia fama que no aportan nada aparte de un sentimiento de bochorno ajeno, y sin embargo haya tantas luces en el mundo que nadie conoce, tantos proyectos de vida y esperanza que se quedan en la trastienda de la sociedad. Los medios de comunicación son tan poderosos que tienen la facultad de potenciar sociedades brillantes o generar sociedades basura, porque la sociedad -niños, jóvenes y mayores- alimenta su memoria, su alma, su corazón, su generosidad o su desprecio, a base de contenidos que perpetúan espíritus mediocres, sin más aliciente que codiciar todo lo que se les ofrece.

Ojalá algún día estas luces tengan el reconocimiento que se merecen. Yo desde mi modesto rincón virtual os recomiendo encarecidamente esta piedra preciosa con forma de novela, magistralmente narrada por José Manuel Devesa. Os aseguro que brillara en vuestros corazones durante mucho tiempo.

Solo quiero añadir, y esto va relacionado con la parte comercial de la novela, que pienso que la portada tan triste puede generar rechazo en el lector potencial. Es cierto que hay mucho drama en sus páginas, pero yo he visto tanta luz, tanta calidez, tanto amor, que una imagen más positiva, en la que se perciba a primera vista que donde hay sufrimiento siempre hay esperanza, sería más acertada a la hora de hacer que los ojos de los lectores se fijasen en ella.

Animo al autor a que nos siga deleitando con obras con la misma sensibilidad que esta, estoy segura de que su cabeza está repleta de historias, personajes, vidas, anécdotas y situaciones que necesitan ser contadas con el propósito de tocar nuestras conciencias. Lo necesitamos; necesitamos historias como la de Vohilaba.

Os dejo con un extracto.


Mientras se duerme tampoco escuece el hambre, ni se roba, ni se engaña, ni se viola, ni se mata, ni atormenta el odio o el rencor, ni se hace la guerra, ni duelen el cuerpo ni el alma. El sueño es mucho más que un descanso: es la paz, el bienestar. El sueño es el dios de la justicia que no distingue entre unos y otros y durante unas horas hace iguales a todos los hombres y mujeres. El sueño es el refugio y el tesoro de los pobres, por eso dormimos más que los ricos, a cualquier hora, en cualquier sitio, y sin importar como. Mientras ellos se mueven de acá para allá, nosotros dormimos.


jueves, 7 de mayo de 2015

Kindle Flash: Un amor para Rebeca 0.69€/0,77$





En el Kindle Flash de hoy podéis encontrar mi novela "Un amor para Rebeca" a 0,69€/0,77$, una bonita historia de amor a la que debo mucho y que está siendo traducida al inglés y al alemán.

Si te gustan las historias de amor desarrolladas en Escocia, creo que te gustará.

Pincha aquí para el enlace.









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Mis dos novelas las más vendidas de su categoría.

jueves, 9 de abril de 2015

Brianda: El origen del medallón, de Mayte Esteban

Título: Brianda: El origen del medallón
Autor: Mayte Esteban
Formato: ebook (Amazon Media)
Páginas: 443


Sinopsis (Amazon)

Cuando Amanda piensa que todo está en orden en su vida, Alonso encuentra tras una pared de su casa heredada el grimorio de sus antepasadas, el testimonio escrito que dejaron las mujeres valientes de una larga dinastía de brujas blancas. 

Brianda, una hermosa pelirroja nacida a principios del siglo XVII, en un pueblo castellano cercano a Toledo, no fue la primera de su estirpe, pero sí la pionera en poner por escrito una sabiduría ancestral. Bajo la atenta tutela de la alegre y sabia Olianda, la joven bruja inicia su aprendizaje en la magia, siempre temerosa, bajo la oscura sombra de la Inquisición. 

El día que pisa por vez primera la villa de Toledo, su vida se entrelaza inevitablemente con el de la familia de los hermanos Alfónsez: Sancho, el primogénito, valiente y sincero, cae rendidamente enamorado de Brianda; Luis, sin embargo, la odiará toda su vida. 

Amor, venganza, luchas a espada, magia, conjuros, suspense, aventura, destinos épicos... Una vorágine de pura vida que envolverá a la extraordinaria Brianda y al medallón al que está predestinada.

Hablemos un poco de magia, de brujas capaces de leer los pensamientos y lanzar conjuros que te arrebatan los recuerdos. Hablemos también de historia, de la España del siglo XVII dominada por la maquinaria inquisitorial y del particular contexto social de la época.
En la novela de Mayte Esteban podríamos hacer un profundo análisis de todas estas cuestiones, pero necesitaría varias entradas en el blog y un montón de tiempo, así que toca concreción.
Brianda: El origen del medallón es la segunda parte de El medallón de la magia. Yo no había leído la primera pero al enterarme de que se pueden leer de forma independiente me decidí por esta.

No voy a negar que siempre he disfrutado con una buena historia de magos, brujas y cualquier ser sobrenatural. Me gusta la literatura fantástica, sea para la edad que sea, soy fan indiscutible de la narrativa de Tolkien y algunos de los mejores libros que he leído son de este género. ¿Un ejemplo? Lo he dicho muchas veces: Bosque Mitago, de Robert Holdstock. También el Drácula de Stoker.

Este nuevo libro de Mayte Esteban está lleno de sorpresas, no solo por la historia que nos ofrece sino porque se palpa el buen trabajo de documentación que ha hecho la autora. Ha sido un viaje al siglo de Oro en una España dominada por la religión, las supersticiones y la picaresca. No faltan los rufianes que asaltan los caminos en pos de un botín, ni los enfrentamientos a espada, los autos de fe o la extrema diferencia entre clases sociales.
Todo está bien adaptado al contexto histórico, desde la vestimenta de los personajes hasta el lenguaje. La narrativa bien acomodada a la época es un aliciente más para leer el libro.

Nos encontramos con una joven bruja blanca llamada Brianda que necesita aprender a manejar sus poderes. Cuenta para ello con la sabiduría de su tía Olianda, un personaje entrañable que destaca por su fuerza y su mente ponderada. Brianda no deja de ser una chiquilla y, como tal, es alegre e impulsiva. Es por ello que a veces sus hechizos no son perfectos, y esto genera algún que otro entuerto. Los hermanos Alfonsez se cruzan en la vida de la bruja durante una visita a la ciudad de Toledo; dos hermanos tan opuestos como la noche y el día, como la luna y el sol, como un pollo y un jurel (es por ser un poco original).  Uno significará el reconocimiento del primer amor (¡Bien!), y el otro la oscura amenaza de la Inquisición (¡Mal!)
El argumento central es la magia, pero también el amor (qué historia tan bonita; de esas que comienzan en los últimos años de la infancia y que te marcan para siempre). Tenemos personajes encantadores como Olianda,  Brianda y Sancho, y sus antagónicos, tan malignos que su maldad solo puede ser debida a las fuerzas sobrenaturales que los gobiernan.

He descubierto una nueva faceta de Mayte Esteban que desconocía, y es que no le tiembla el pulso a la hora de prescindir de algunos personajes. Me ha disgustado perder a alguno al que le había tomado cariño, pero la autora también tiene el acierto de sustituirlos por otros no menos entrañables,  lo cual resta el mal sabor de boca que te produce la pérdida.
Personajes tan bien caracterizados que los llegas a querer. A otros, sin embargo, los llegas a odiar. Deambulé bajo el sol castellano del siglo XVII hasta que la piel se me impregnó del polvo del camino. Fue tan fácil dejarse imbuir por las vidas de los personajes, descritas con detalle, que resultó difícil abstraerse de sus vaivenes emocionales.

Ha sido toda una aventura, enriquecida por los apuntes históricos.
Creo que lo más destacable de esta autora es su capacidad para cambiar de registro. Ha demostrado ser capaz de escribir historias autobiográficas, juveniles, intimistas y románticas.
Y todo lo hace con su particular estilo.

Por cierto, Mayte Esteban ha quedado finalista del III Premio Internacional de Novela HQÑ.
Todo un logro, y un nuevo impulso para su carrera literaria.
Podéis saber más de la autora en su blog.

lunes, 23 de marzo de 2015

Nunca dejes de bailar, de Carmen Grau

Título: Nunca dejes de bailar
Autor: Carmen Grau
Formato: ebook (Amazon Media)
Editor: Dunsborough Books
Páginas: 416

Sinopsis (Amazon)

Enya creció al amparo de su madre soltera hasta que el cáncer se la arrebató. Desapegada de su padre y sus abuelos, e incapaz de soportar el vacío que le dejó la muerte de su madre, decidió emprender otra vida en Boston y perseguir a la vez el sueño de convertirse en editora literaria. En Boston encontró el amor, la amistad, el fracaso y, de nuevo, el amargo sabor de la pérdida. 

Alberto es un escritor consagrado, creador de novelas policíacas y felizmente casado con María. Pero después de más de dos décadas cosechando éxitos, está aburrido y decide contar una historia diferente a todo lo anterior. Escribe una novela para María que, sin embargo, hará tambalear la estabilidad de su matrimonio. 

Escrita a dos voces y dos tiempos, Nunca dejes de bailar es una historia de amor que nos lleva desde Boston y Córdoba a Barcelona, una novela que habla de las relaciones entre un hombre y una mujer, del sexo, la literatura, el destino, la religión, la muerte y la esperanza, y en la que ficción y realidad constituyen las dos caras del mismo papel. 



Es la primera novela que leo de Carmen Grau. Leí uno de sus libros de viajes, Hacia tierra austral, y tenía ganas de leer alguna de sus obras de ficción. 
Sabía de antemano que se trataba de una historia romántica, y también sabía que no seguiría las tendencias de la actual novela romántica, al menos del tipo de obras que saturan el mercado literario; ligeras, frescas, con frecuentes golpes de humor y final feliz. 
Carmen Grau escribe lo que le gusta, sin importarle las modas del momento. Yo creo que así debe ser, cada autor tiene que escribir lo que le nace de dentro, y estoy convencida de que no importa hacerlo en contra de las tendencias, lo esencial es que la historia atrape al lector y lo mantenga pegado a las páginas, con independencia de lo que escriba. 

Tengo que admitir que el principio de la sinopsis supuso para mí un obstáculo. Todos los que han convivido con un enfermo de cáncer tal vez me comprendan. Mi madre fue diagnosticada de esta enfermedad en el año 1994, yo tenía veintitantos años, y fue una época muy dura. La acompañaba a las sesiones de quimioterapia y desde la sala de espera podía oír sus náuseas a los pocos minutos de comenzar la sesión. Después, sujetándola del brazo, caminábamos por los pasillos del hospital hasta la calle, ella todo el camino con la bolsa pegada a la boca. Solamente dejaba de vomitar cuando se sentaba en el coche y yo le ponía la música de Enya (el nombre coincide con el de la protagonista de esta novela) en el reproductor de música. Se relajaba tanto que creo que cada vez que salíamos de aquellas sesiones estaba deseando sentarse en el coche, cerrar los ojos y dejarse adormecer por la música. A mí también me servía; conseguía relajar mi propia tensión y el estrés que me generaba verla sufrir.
Como dato esperanzador tengo que decir que mi madre salió adelante.

Os cuento estos detalles para que entendáis el ánimo con que afronté la lectura. Me dije que si la novela iba a estar plagada de dramas no la terminaría, le daría una oportunidad pero no sería capaz de terminarla. Lo hago con frecuencia; si un libro no me aporta nada más que sensaciones negativas, lo dejo.
Pero algo ocurrió con el libro de Carmen Grau que me impidió soltarlo. El estilo narrativo de la autora es muy cautivador, me iba contando la historia y a la vez me introducía con suavidad en la vida de los personajes. Creo que fui abducida por los pensamientos de Enya y Alberto, los protagonistas absolutos de esta novela narrada a dos voces, donde las dos historias fluyen como ríos separados que al final convergen. Es una historia de amor y desamor, de vampiros emocionales y de cómo una relación posesiva puede llegar a destruirnos. También es una ofrenda a los sueños, un canto a la felicidad escondida en las cosas más pequeñas y en los detalles más insignificantes. 
Me ha gustado estar en la mente de Enya y Alberto, y ser testigo de sus entresijos emocionales.

Ella es una joven que sueña con ser editora y que después de fallecer su madre viaja a Boston a realizar un máster. Allí vive una historia de amor que a mí me fascinó y que a ella la marcará para siempre. El desarrollo de esta parte de  la novela es minucioso, y la descripción de su relación de dependencia, brillante.  Cuando Enya regresa a su Barcelona natal, la novela da un giro inesperado; toda una sorpresa que os animo a descubrir. 
Alberto es un escritor reconocido que, aburrido de escribir siempre lo mismo, decide crear algo nuevo y escribe una novela que cambiará el curso de su existencia. Aquí me reservo un dato que la autora no desvela en la sinopsis pero que yo creo que, de conocerlo, sería un imán para muchos lectores. 

La muerte y el destino son dos personajes más de la novela. La primera está presente desde el principio hasta el final, una losa fría que atormenta a los protagonistas de forma independiente, un drama íntimo que se alza sobre sus destinos y que cuando ambos se encuentran se elevan tan alto que brillan como una sola estrella.  A partir de ahí, todo cobra relativa importancia, y solo queda vivir los deseos, agotarlos en vida y construir el presente.

Cuando terminé de leerla me vino a la mente la palabra "metaficción", que es un recurso muy interesante que recoge ciertas estrategias sobre el proceso de la creación literaria. Los personajes suelen ser escritores o editores que hablan sobre el libro que están leyendo o incluso comentan una escena que están viviendo (los personajes de ese libro pueden ser autorreferenciales y estar viviendo lo mismo que ellos. Un lío, lo sé, pero no me digáis que no es interesante). La barrera entre realidad y ficción se difumina y el autor pulveriza de un manotazo la delimitación del continuo espacio-temporal.
Si queréis averiguar algo más de todo esto tendréis que leer la novela. 

Nunca dejes de bailar no es una lectura ligera, de esas que puedes leer mientras ves la televisión. Los pensamientos de los protagonistas van y vienen en el tiempo y en el espacio con bastante frecuencia y demandan toda nuestra atención. Es una obra para reflexionar sobre temas tan trascendentales como la vida y la muerte, la religión, el destino, las relaciones de pareja... Podría hacer una lista muy larga, pero, sobre todo, quiero destacar que Nunca dejes de bailar es  una novela llena de luces en la sombra, como un sendero de farolillos de colores en un bosque tenebroso, donde cada color representa uno o varios sentimientos; el rojo para el amor, la pasión y el deseo, el verde para la esperanza, el azul para la amistad y el afecto, el amarillo para los celos y el egoísmo, el rosa para la ingenuidad y la ternura... 
Y al final del sendero, el blanco... la luz que se difunde, la estabilidad absoluta, la calma.

En fin, si os gustan las historias que profundizan en los sentimientos y en las relaciones interpersonales, esta es vuestra novela. Os aseguro que no la olvidaréis fácilmente.
  

lunes, 16 de marzo de 2015

Isla Perdida: Los secretos del poder, de Manuel Navarro

Hoy traigo a mi scriptorium la última novela de Manuel Navarro: Isla Perdida: Los secretos del poder, una historia que tuve la suerte de leer antes de ser publicada.
Ya he dicho en otras ocasiones que me gusta la prosa fluida y certera de Manuel, y cuando me dispongo a leer una de sus historias siento que voy a vivir en una montaña rusa de emociones. La empiezo con la cautela de quien sabe que va a ser sorprendido, y soy consciente de que no siempre va a gustarme la suerte que correrán los personajes.

Isla Perdida es una novela con un argumento muy actual. Con un panorama político como el que tenemos ahora en España, no resulta difícil imaginar unas futuras elecciones donde el voto mayoritario de la población fuese en blanco. Esto es lo que ocurre en Espanistán -me encanta el nombre-; el 85% de la población vota en blanco en las elecciones del 22 de mayo de 2016.
Julio, el protagonista de esta historia, es una de las personas que ha emitido su voto en blanco. Tal es su decepción política que además también envía un mensaje de texto animando a todos sus contactos a hacer lo mismo. Por este motivo, el gobierno decide encarcelarlo y recluirlo en una isla junto con otros ciudadanos acusados de sabotear las elecciones.

Manuel Navarro
La novela está escrita con el estilo inconfundible de Manuel Navarro; directo, sin florituras lingüísticas, donde nada sobra y nada falta. La atmósfera es tensa desde el principio, sin llegar a ser opresora, y mantendrá al lector pegado a sus páginas hasta el final.
Durante el transcurso de la lectura una pregunta me rondaba todo el tiempo: "¿Cómo va a terminar esto?". Tuve que aguantarme las ganas de que mis ojos corrieran por las letras hasta llegar a ese punto, y también tuve ganas de hacer trampillas y leerme el final.

Que conste en acta que no lo hice.
Aunque alguna vez lo he hecho.
Muy pocas.
Una o dos.
Tal vez alguna más...

Confieso que soy una lectora visceral, y que mi relación con los personajes es siempre muy emotiva (como debe ser para disfrutar plenamente de una lectura). Por eso en alguna ocasión me dejo llevar por ese flujo interno de emociones y me rebelo contra el destino de algún personaje. Eso fue lo que me sucedió con uno de los personajes de Isla Perdida, y no pude evitar hacérselo saber al autor.

Fue una reacción del tipo: ¿¡Qué!? ¡Nooo! ¿¡Por queeé!?

No desvelaré el nombre del personaje, como tampoco diré si Manuel Navarro hizo caso de mis lamentos de lectora compungida. Lo que sí os diré es que si os adentráis en esta historia delirante os encontraréis cara a cara con la angustia que sufre Julio, un hombre corriente, tranquilo, que respeta las normas, y que de la noche a la mañana ve cómo su vida da un giro tan radical como inesperado. No acaba de creerse que lo hayan detenido por enviar un simple mensaje de móvil, y todo le parece surrealista. Piensa que se trata de un error y que pronto podrá volver a casa. Pero eso no sucederá, al contrario, será enviado a una isla deshabitada junto a otros acusados de boicotear la elecciones.

El miedo inicial de Julio por verse en la cárcel va dejando paso a la impotencia y la frustración. Finalmente, las situaciones límite van provocando que germine en él un sentimiento de rabia profunda que lo llevará a desear la muerte de alguno de sus carceleros o incluso a matar.

Isla Perdida: Los secretos del poder  no deja de ser una parodia sobre lo que podría suceder ante un panorama de desencanto político cada vez más arraigado en la población, una recreación burlesca y a la vez inquietante que nos debería hacer reflexionar sobre cada una de las naciones demócratas que han caído en tiempos de fuertes decepciones políticas. No nos son lejanas en el tiempo, tan solo hace falta escuchar las noticias cada día.
Aparte del propio mensaje político, Isla Perdida ofrece también una perspectiva social, muchas veces contemplada en la vida real. Me refiero a la transformación que sufre Julio, el hombre tranquilo y plenamente integrado en la sociedad, incapaz de matar a una mosca, cuando se ve hostigado y empujado a situaciones extremas.

Una trama bien hilada donde se combinan los entresijos de un gobierno desesperado por mantenerse en el poder y unos simples ciudadanos que de pronto se ven inmersos en una telaraña de conspiraciones políticas tan bien descritas por el autor que consigue que se le quiten a uno las ganas de votar en blanco, menos aún animar a todos nuestros contactos de whatsapp a hacer lo mismo.

Por si acaso.
Recordad que las arañas rastreadoras son depredadores de bits que fluyen en el ciberespacio.
En el tuyo y en el mío. 





lunes, 12 de enero de 2015

50 Sombras de Grey, ¿una cuestión de sexo?

El señor Grey; billonario y guapo, y Anastasia


Leí el primer volumen de las Cincuenta Sombras y me quedé ahí. Traté de terminar el segundo pero me pareció que la historia daba vueltas sin sentido para completar la trilogía y lo abandoné. No voy a entrar en si tiene calidad o no, no soy crítico literario, pero si han entretenido a 100 millones de lectores por algo será.

A veces estamos tan obsesionados con la calidad literaria que olvidamos la otra parte fundamental en todo esto: ofrecer historias que conmuevan, que rompan los esquemas, que sorprendan, que calen hondo. Las ideas forman parte de la creatividad individual de cada autor, la calidad puede mejorarse siempre, pero la creatividad es más difícil de desarrollar.
Y también es una cualidad muy valorada por el sector editorial.
No afirmo con esto que la trilogía de Grey sea una idea brillante, de hecho surgió de un Fanfic de Crepúsculo, pero la esencia de esos textos se reconvirtió brillantemente en una historia capaz de arrasar en las listas de ventas.

Una potente campaña de marketing también tuvo algo que ver con el asunto, para qué negarlo.

Lo que siempre me ha llamado la atención es que se atribuya el éxito de las novelas de E. L. James al gran contenido sexual que ofrece.
Se ha llegado a decir de todo:
1. Que si las mujeres estamos reprimidas sexualmente...
2. Que si insatisfechas...
3. Que si...
¿En serio?
Lo de "porno para mamás" ya me parece el colmo de lo absurdo.

Hablo de la sociedad en la que vivo, pues ignoro el grado de libertad sexual que existe en otros lugares, pero en este país (España) hace años que se han roto esas cadenas. Y si antes la mujer no leía tanta literatura erótica era posiblemente porque estaba escrita por hombres o no se mostraba con el envoltorio adecuado.

Entonces, si no es el sexo, ¿cuál es el factor decisivo en el éxito de las Sombras de Grey?

El vampiro  y la humana.
El mismo que hizo de la Saga Crepúsculo otro éxito de ventas: el envoltorio, la relación de poder y el instinto sobreprotector; proteger al ser amado a costa de la propia vida si fuera necesario; un cliché que ha funcionado en el cine y la literatura desde siempre.
Dos novelas, un factor en común, una con escenas sexuales explícitas y la otra no.

Cincuenta Sombras habría tenido el mismo éxito si la autora hubiera soslayado las escenas de sexo y las hubiera descrito de forma más moderada.

Lo que realmente apasiona de la historia es, sin lugar a dudas, la relación que establece un hombre como Grey, tremendamente atractivo y multimillonario, con una chica ingenua e inocente como Anastasia.
Sus peculiares gustos sexuales son solo un aliciente añadido.
La combinación de todo ello resulta explosiva.

No os equivoquéis, da igual que se trate de un vampiro, de un hombre de negocios o de un enano de Erebor. Siempre y cuando -factor indispensable- sea un ser muy poderoso. Este factor tiene su explicación biológica, pero sería largo de explicar. Un resumen podría ser: ellos las prefieren bellas, nosotras los preferimos poderosos. Es algo que llevamos dentro, ese instinto ancestral de elegir al más fuerte que proteja nuestra prole.
La naturaleza es sabia.
Y "fuerte" en nuestros tiempos significa disponer de abundantes recursos económicos.
Es solo una reconversión de poderes; hoy nuestra jungla es otra, y no sobrevive mejor quien pega más fuerte o caza las mejores presas, sino quien tiene mayor poder.
Mayor poder igual a mayor seguridad.
Las reminiscencias del pasado aún perviven en nuestro subconsciente.
Así son las cosas.

Si encima de poderoso nuestro protagonista es también muy atractivo...
Entonces tenemos la conjunción perfecta.
¿Os suena Pretty Woman?
Los clichés o personajes estereotipados funcionan, el que piense de otra forma se equivoca. Si Grey tuviera la apariencia del vecino del cuarto, que jamás ha pisado un gimnasio y al que le encantan los donuts, no habría historia.
Así de simple.
El aspecto de ella, en este caso, no tiene mayor importancia, porque hablamos de literatura dirigida a las mujeres, independientemente de si son mamás o no.

Un ser que se desvive por facilitarte la vida, te trata como a la reina de su universo y que es capaz de enfrentarse a quien haga falta para protegerte, es un sueño cumplido.
Y todo a cambio de un pequeño e insignificante inconveniente; unos colmillos afilados, unas singulares tendencias sexuales...

Detalles...

Muchas de las novelas que han intentado subirse a la estela de la obra de James han caído en el error de creer que solo por ofrecer sexo ya tenían a un sector de los lectores ganado. Y nada más lejos de la realidad.
Tienden a pensar que una escena de sexo es solo eso, sexo, y encima lo describen con un vocabulario vulgar para ofrecer una versión más transgresora y atrevida.
Frecuentemente olvidan el componente sentimental de la historia, ese que, independientemente del contenido sexual, hará que el lector o lectora se emocione, vibre, incluso suspire.

Una escena sexual será más evocadora cuanto más intercambio de emociones transmita, no cuanto más descriptiva y gráfica sea.

Si solo narramos los actos físicos de una forma explícita, haciendo del sentido del tacto y de la vista los únicos protagonistas, la escena resulta aburrida y poco sugerente. Sin embargo, si introducimos el oído (un sentido poderoso, y el que más puede estimular el deseo en una mujer), o el olfato, la escena cobrará vida en nuestra mente.

...el fino vello del pecho le rozó la piel delicada. Sintió su calor y aspiró el aroma de su cuerpo. Kenzie olía a una sensual mezcla de piel fresca, suave sudor y aceite de motor. Pero también olía a otras muchas cosas, adheridas a él como la fragancia de la flor impregnada en la mariposa. Puede que su olfato no lograra percibirlas, pero estaban ahí, adscritas a su piel. Era el aroma de las olas, de los ríos, del murmullo del viento y de los bosques húmedos de Skye.

Y no nos olvidemos del diálogo; un recurso importante que otorgará mayor carga emocional a la escena.

—Mírame —le pidió él, apresando su rostro con las manos.
Ella tardó unos segundos en centrarse y, cuando lo miró, olvidó una vida entera de inhibiciones.
—Te necesito ahora —se oyó decir. Pero su voz sonó rara, como si fuera otra persona la que pronunciara esas palabras.
—Mírame, Rebeca —insistió.
Obedeció, perdiéndose en la profundidad de sus ojos mientras él se hundía en su cuerpo con suavidad y a la vez con decisión. Al sentirlo en su interior, su espalda se arqueó y su boca emitió un suspiro prolongado...

Cuando me encontraba escribiendo "Un amor para Rebeca" tuve que decidir cuánta carga erótica tendrían los encuentros amorosos. Evidentemente nunca fue mi intención pasar de puntillas y eludir estas descripciones, la sexualidad es parte inherente a las relaciones de pareja y yo quería sobre todo transmitir ese intercambio de emociones que experimentan los personajes, sin evitar el contenido sexual, pero no haciendo de ello el eje principal de las escenas.
Tenía claro que daría prioridad a los sentimientos.

Él se detuvo un instante y la miró; los ojos fogosos, enardecidos.
—Prométeme que no me dejarás.
Ella no podía hablar, solamente sentir. Temblaba de placer en tanto se aferraba a la presencia masculina que invadía sus entrañas. 

A veces alguien cercano me dice: "Te has quedado corta", y yo creo que no ha leído bien la novela, plagada de momentos que desbordan erotismo y sensualidad.
Otra cosa es que el lector sepa encontrarlos. También es posible que ahora solo se considere erótico lo que es gráfico y explícito.
Pero en realidad, el erotismo está más ligado al deseo que al acto sexual.

...la mano comenzó un suave movimiento indagador, buscando la tersura y la tibieza de la piel bajo la corta camiseta. Fue un gesto inapreciable para todos, excepto para Rebeca, que experimentó por primera vez un instante de erotismo. Así lo determinaba su corazón desbocado. Tan solo un roce y su cuerpo reaccionaba perdiendo el control. Siempre había pensado que el erotismo era un asunto peligroso que no encajaba con su personalidad. Pero entonces, ¿qué nombre poner a aquellas sensaciones? ¿Cómo llamar a lo que estaba sintiendo? Kenzie conseguía con una mirada lo que Mario jamás había logrado; que su interior se removiera, que su cuerpo vibrara ante el reconocimiento de un deseo omnipresente.
Notó los pezones rígidos bajo la ropa; una sensación perturbadora que se hizo visible por encima de su camiseta. La mano se cerró en un gesto posesivo en torno a la carne suave, apretando y acariciando la piel, y su parte más íntima reclamó como propio el centro de ese deseo.

Por supuesto, lo dicho aquí es solo mi opinión y la forma en que me gusta describir las escenas de sexo. Manejarlas bien no es fácil, y cada autor debe desarrollar el método con el que se sienta más cómodo.